jueves, 28 de marzo de 2013

Prólogo-La libreta

Suena el despertador marcando la nueva jornada. Es a 15 de Septiembre y son las nueve de la mañana. Los ojos se separan sin demasiado entusiasmo, recordando el día que es... la temida por unos y la esperada por otros vuelta a la rutina .Sin embargo, esta vez no sería igual. 

 Como es lógico, en ese momento no fue consciente de la importancia que tendría esa fecha para ella, ya que (creía)sólo estaba dejando atrás su infancia. "No es nada raro" pensó. "miles de jóvenes cambian hoy también. No es algo nuevo. La  gente cambia, y tiene que amoldarse. Ésto es un paso más: hoy dejo de ser una niña para ser una adolescente". Sin embargo, no creía que ese extraño sentimiento que sentía fuese normal. No eran nervios, ni añoranza a su antiguo colegio. No. Era algo más. Algo que la llenaba por dentro.Ese "algo" era como un huracán que barriese de su cuerpo su vida anterior y dejase terreno libre a su presente. Su todo y su nada. su ayer y su hoy. 

Asumidos todos los cambios que supondría ese algo suyo, pensó que era hora de  levantarse de la cama.Lentamente, baja las escaleras sumida en profundas reflexiones sobre su "algo".Era raro. Se sentía como siempre.Después del interminable verano, volvía a la escuela. Pero también se sentía distinta. Sentía que su vida daría un gran cambio para convertirse en otra persona muy diferente de la que aquel 15 de Septiembre se levantaba de la cama.

Esa mañana, todos los institutos abrían sus puertas a millares de adolescentes con miles de historias y amores de verano que contar a sus amigos. Por no contar con todos aquellos que empezaban ese día una nueva etapa, que marcaría (como le sucedía a ella) su futuro. Ellos sí que sentían los nervios, las bullas y las prisas. Las ganas de conocer gente nueva y de cambiar de aires. Ésto es lo que ella habría sentido, si su "algo" no la hubiese tenido bloqueada.

Pensando en cómo sería estar en la nueva escuela, llego a la cocina. Su taza la esperaba sola en el fregadero.Se sirve  un vaso de leche bien fría y sin saber como, su  mente se aleja del primer día en el nuevo instituto.¿cómo podía ser en esta nueva etapa de su vida? Ejemplar, modesta, rebelde, una chica mala o quizá una chica buena... "Está claro que seré la chica rara" piensa. Sin embargo, ¿porqué no soñar con ser la chica popular? Sabía que eso no ocurriría, pero tampoco lo necesitaba. Siempre había encajado poco en clase, y ésta vez no sería diferente.

Recoge suavemente las migas de pan tras desayunar, y friega su taza con cuidado. Tras dejarla reposando de nuevo en su sitio, mira el lugar correlativo, dónde otras dos tazas (una con unas mariposas violetas y otra con líneas azules) destacan luces violetas y azules al resto de la cocina. La suya, una de flores en llamativos rosas y naranjas suelta agua al fregadero y emite las mismas luces que las anteriores. Las hicieron ellos mismos, con unos colores extraños que no permitían usar el lavavajillas, por eso estaban allí. Las decoraron ella y su madre, Victoria. En esos momentos, ella estaba trabajando... igual que su padre, quien construyó la estantería sobre la que reposaban las tazas. Ella es abogada. Él, vende casas en el centro de la ciudad.Ambos apuestan alto por su pequeña,por eso la envían a un instituto de gran prestigio y rígidas normas.

 Lejos de disgustarse por los planes que tienen para ella, le reconforta saber que tiene un lugar predestinado en el mundo y que tarde o temprano ocupará mi lugar. Por aquel entonces, nunca pensó que su futuro estaría tan lejos de lo que ellos habían pensado.

 Mira el reloj. Las once. Debería ir saliendo. Se acerca a su cuarto, mira por última vez el espejo revisando el uniforme y coge la carpeta y el boli que dejó preparados la noche anterior.

Nada más abrir la puerta de la casa, una suave brisa acaricia su cara y el sol llena sus ojos. Cierra fuerte los párpados para disfrutar de la sensación de libertad, pero recuerda el autobús y se vuelve para cerrar la puerta. Una vez cerrada, comienza a andar calle arriba hasta la parada del autobús. Mientras, su mente recobra el tema del instituto. Se ve a mí misma como una de las chicas populares del nuevo instituto, con todos los chicos detrás. La envidia del barrio y...por la esquina de la calle, aparece el autobús recordándole que aún no ha llegado al instituto, y que no es una chica popular.

Corre hasta la parada y rebusca en la carpeta para encontrar el pequeño monedero que contiene el dinero suficiente para los viajes de ida y de vuelta. No hace nada más que encontrarlo, cuando el autobús para justo delante. Las ancianas que esperaban sentadas en la misma parada, empiezan a presionar la espalda para que suba y una vez dentro, un señor mayor (de unos cincuenta años) le ofrece el tique. Tiene el pelo entrecano y los ojos cansados, pero una gran sonrisa le ilumina el rostro. Se acerco a su mostrador, y  recoje el billete entregándole a cambio las monedas justas.

Mientras el hombre del autobús sigue entregando bonos y recibiendo dinero, busca un asiento. Se decide por uno doble de ventana a mitad del pasillo en el que suelta la carpeta y se sienta. La última anciana paga su billete, y el autobús arranca.

Sacó del bolsillo los auriculares, y los conectó al mp3. Dos paradas después, una gran cantidad de  gente entró en el autobús. Con los ojos marrones de la chica fijos en la puerta, el traqueteo cesa y la gente comienza a subir. Todos los sitios que quedan están ocupados, salvo el que está al lado de ella. Sin embargo, la primera chica en entrar se coloca al fondo, en la parte de pasajeros a pie. Lo mismo hace otra chica que la sigue, ambas con uniformes iguales al suyo. Una tercera persona paga su billete y se encamina por el estrecho pasillo. Decide sentarse en el asiento libre que queda: el que está al lado de ella.

No era sólo una persona, no era un hombre o una mujer normal. Era una chica joven, tendría unos veinte, y llevaba el pelo recogido en una larga coleta. Tenía la piel ligeramente bronceada, típico tras el verano de la zona sur de Europa. Sin embargo, lo que más llamaba su atención eran sus ojos. No eran de un color verde o azul que llamarían la atención por sí mismos. No. Eran marrones. Sin embargo, no era el color lo que los diferenciaba del resto de ojos del resto de los pasajeros, sino todo lo que expresaban. Eran grandes y la primera mirada que  dirigieron esos enormes ojos castaños a Aria intimidó más que cualquier bronca que sus padres le hubiesen echado en su vida.

-¿Puedo sentarme?- preguntó
-Si, claro-contestó Aria mientras se quitaba los auriculares de repente, recordando unas palabras de su madre: "es de mala educación estar junto a alguien con los auriculares puestos". La Muchacha le mira y sonríe. Aria se sorprende y se pone nerviosa.
-¿Estás bien?- pregunta
-Si, claro. Es que... es mi primer viaje sola, y...
La chica sonríe- te entiendo. ¿Estás nerviosa?
-Un poco- contesta ella -pero no sé si es por el autobús o por el instituto.
Ella repara por primera vez en mi uniforme -Ah, claro... hoy es el primer día de instituto,¿no? ¿qué curso empiezas?
- Hoy empiezo en el instituto.
- El instituto.... aún recuerdo mi primer día de instituto, aunque no fue hace mucho. Recuerdo que fue horrible. Tantos profesores, compañeros nuevos.... Es como una nueva etapa de la vida, ¿sabes?Aunque, no creo que para todos fuese tan traumático como para mí.
- ¿Tú estabas nerviosa? Pero, si con una mirada tuya todos  saldrían corriendo-se le escapa. Sin embargo, la chica de los ojos grandes ríe la gracia
- ¿Te he dado miedo al mirarte? lo siento mucho, no era mi intención - ríe - ¿Sabes? me recuerdas a mí con tu edad... Espera un momento, creo que... tengo algo para ti- empieza a rebuscar en su bolso, mientras Aria se siente estúpida y asustada - ¡ah, aquí esta! ten, esto es para ti - le tiende un libro no muy grande, con las pastas doradas y una especie de enganches color verdes - Esto, es algo que oculta grandes secretos. Cuando yo tenía tu edad,la usaba para apuntar cualquier cosa que se me ocurría. Pero también puede que ella te muestre algo.Sin embargo, necesitarás hacerla tuya antes de que te sea de alguna utilidad ya que es... digamos... inteligente y no conseguirás abrirla a no ser que ella te muestre su interior. La verdad, es que fue mi salvación durante el instituto- Al terminar de hablar, sus ojos no eran los mismos que los intimidantes ojos del principio. Eran los ojos de una niña pequeña a la que su sueño aparecía frente a sí. Sin embargo, Alguien como Aria nunca se abría dado cuenta.
- ¿tu salvación? - pregunta la pequeña
- Si - Mientras hablaba, sus inmensos ojos oscuros se tornaron tristes, melancólicos y vacíos. Ya no mostraban ese halo infantil, sino que el sueño parecía haberse tornado en pesadilla - Sin esa libreta, mi vida en el instituto podría haber sido un auténtico desastre. Verás, yo nunca fui una chica normal y corriente. Y con tu edad digamos.... que no estaba para lo mismo que el resto de mis compañeras. Y hoy... he visto en ti ese algo que tú, al igual que yo, tenemos - poco a poco, sus ojos fueron llenándose de nuevo de aquella especie de "luz" que daba a sus ojos ese velo tan estremecedor.
- ¿Estás diciendo... que crees que yo soy como tú?
- No, nada de eso. -y añade, señalando al cuaderno dorado -  Ésto no es más que un obsequio. Un regalo para que tú saques provecho a aquello que yo viví y para que escribes todo aquello que deseas.¿entiendes lo que quiero decir? Aprovéchalo, pero no vivas por y para él. Recuerdalo, pequeña: la vida sigue y no podemos estancarnos porque entonces, el mundo nos come y quedamos sumergidos en un mar de soledad y dolor. La vida hay que vivirla, y para vivir hay que ser feliz. Prométeme que lo recordarás cuando ésto se abra a ti

Justo cuando Aria iba a responder, el autobús se detuvo. La gente se aplomó en la puerta trasera del autobús y apenas sí dejaban salir.

- Me tengo que ir ya. Úsalo bien... Por favor
Sonrió -lo intentaré, pero yo... creo que no lo he entendido todo

Sin embargo, ella ya estaba en el fondo del autobús. Se vuelve y dirige una última mirada a la otra chica de los ojos marrones. En sus ojos , una advertencia, una sugerencia o una súplica "Cuídate" lee la chica. Intenta ponerse en pie para alcanzarla, pero justo entonces sale del autobús, y este cierra las puertas de golpe. Para cuando alcanza el fondo del autobús, las puertas están cerradas, pero ella sigue en la acera. El autobús arranca, y ella se queda mirándola. Sus ojos clavados en los de la joven y los de ésta en los de la muchacha. Aria recobra un poco de cordura. Siente en sus manos ya no sólo la carpeta, sino también la libreta dorada que ella le ha regalado. El autobús gira la esquina, y los ojos de ambas que habían estado ligados desde que se habían conocido, se separaron.

La muchacha pasa el dedo por encima de las pastas, que tienen unos símbolos extraños en la portada y la contra portada. Además, la extraña pieza de metal verdoso entrelazado entre los centros de las dos pastas de la libreta engarza la zona de cierre. No parecía fácil de abrir, y no tenía cerradura. ¿Cómo iba a conseguir abrirla?

 El autobús vuelve a parar, y la puerta se abre. Un increíble instituto se ve en la distancia. Para aquél momento, parecía que el autobús estaba medio desértico. Las dos chicas con los uniformes que al principio estaban de pie y se habían sentado mientras ella intentaba llegar hasta la puerta. Para aquel entonces, bajaban las escaleras y ella las siguió. Nada más bajar el último escalón, una suave brisa de finales de verano mueve sus bucles tal y como había hecho al salir de su casa. Sin embargo, esta vez tampoco podía disfrutar la sensación ya que la calle estaba a rebosar de gente.

Los nervios se vuelven a apoderar de ella. El momento que toda la mañana había esperado, había llegado. La misteriosa chica del autobús había quedado relegada a una especie de sueño, a pesar de que aún mantenía firme la libreta en las manos.

 Las dos chicas del autobús charlaban tranquilas, pero al poco tiempo se separan con dos sonoros besos, encaminándose cada una hacia lugares distintos. La mayor de ellas, se dirige a un grupo de chicos y chicas, en el que un chico la recibe especialmente cariñoso. La otra, se vuelve hacia otro grupo, ésta vez sólo de chicas.

Yo, que había estado durante todo ese tiempo parada en medio de la calle, me decido a entrar por las verjas exteriores del instituto, dispuesta a conocer a mis nuevos compañeros y a mis profesores, habiendo olvidado del todo lo ocurrido en el autobús.

***

Unas  paradas del autobús atrás, una muchacha morena y con los ojos marrones observa un autobús alejarse. Momentos antes, había estado allí arriba, hablando con una chica de doce años que le recordaba a ella misma.

El autobús dobla la esquina, pero ella no deja de mirar el lugar por el que el autobús ha desaparecido.

- ¿La conoces? - pregunta una voz masculina a sus espaldas
- No - contesta -pero tú si, ¿verdad?
- Es posible....- Sonríe, pero ella no puede verlo, sigue con la vista fija
- Es como yo, ¿verdad?
Él se le acerca, pone su mano sobre el hombro de ella y le susurra al oído - ¿Tú crees? Dime, pequeña... ¿le has dado la libreta? ¿la ha aceptado? Entonces, el tiempo nos lo dirá. Si no....
- No sabe lo que le espera... - se vuelve hacia él y una lágrima se desliza por su mejilla- No lo sabe...
Él la abraza, intentando consolarla. Le hace levantar la barbilla y la besa
-Tranquila, pequeña. Al final, volverás a verla. Ya verás.

2 comentarios:

  1. Holaa :) He visto esta página en twitter poque te sigo!
    Bueno, primero: la trama y la manera de escribir están muy bien, en serio!! Segundo: he visto alguna falta como "baso" y la frase de: Tengo doce años y hoy, etc. La coma va ahí. También faltan de poner algunas comas en algún párrafo. Tercero: te recomiendo que en vez de usar el guión corto "-", uses el largo "–". Es el que se utiliza al escribir una historia (no te preocupes, que en esto yo también me equivoqué xD).
    Por último, te recomiendo una página en la que estoy inscrita llamada wattpad. Eso sí, espero que tengas paciencia porque los fans tardan en llegar (créeme) Un saludo y seguiré leyéndote si tengo un rato. Felicidades por tu capítulo, está muy bien trabajado ^^

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  2. Es totalmente precioso. Espero que tengas pensado continuar. En el fondo, la protagonista, esa chica, es la clase de chica que todas las lectoras anhelamos ser. Es la clase de chica que no se camufla con el ambiente, con el resto de la gente, aún sin quererlo. Resalta, porque es diferente aún sin pretenderlo. Es la clase de persona a la que le puede ocurrir cualquier cosa. Cualquier historia fantástica, realista, pero fuera de la rutina que seguimos todos. Y lo mejor es que esta clase de personas, aunque sufran, desprenden un algo que te indican que son así. Que no se ajustan al molde. Me recuerda levemente a Victoria, de Memorias De Idhún. Un capítulo fantástico.

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